Síguenos en Google+ Klaus Lange: Entre la libertad de expresión y la complicidad del genocidio.

Entre la libertad de expresión y la complicidad del genocidio.


Tras la aprobación en Francia de un pedido de castigo a los que niegan públicamente los genocidios, los líderes de opinión y medios de comunicación han vuelto a mostrar una vez más, expresiones discriminatorias contra los armenios, reduciendo el castigo contra la negación del genocidio de un millón y medio de persona, a un tema inconexo como la libertad de expresión.

De hecho, hasta se hicieron eco de la campaña turca, argumentando el falso axioma de que ningún parlamento puede aprobar resoluciones sobre la historia, permitiéndole así a la propia Turquía perpetuar su posición negacioncita, ocultando su crimen bajo una delgada de legitimidad mediática y cerrando la puerta al tratamiento de la misma en su propio parlamento.

Porque la negación de un crimen de lesa humanidad como genocidio no tiene nada que ver con la libertad de expresión. Negarlo es un acto violento, predeterminado, contra los supervivientes y una condena al olvido a las víctimas del genocidio.

Negar que un Estado, deliberadamente planeara la aniquilación de una nación, significa respaldar ese mismo delito, justificando dicha violencia. Por lo tanto, la negación del genocidio no puede ser considerado dentro de los límites de la libertad de expresión, como lo marca la legislación internacional.

Es imperativo recodar a  líderes de opinión y medios de comunicación que en diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU adoptó la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, que entró en vigor en 1951 y que desde ese día, se ha castigado la negación del Holocausto en muchos países con multas y penas de prisión.

Por ejemplo, el castigo de la negación del Holocausto implica multas y penas de prisión de hasta 20 años en Austria, multas y hasta 1 año de prisión en Bélgica, 6 meses a 2 años de prisión en la República Checa, una pena de prisión y multa de 5 meses en Alemania, una multa, encarcelamiento y 1 mes a 2 años en Francia, una pena de prisión de 3 a 4 años en Italia, y una multa y 1-10-años de prisión en Lituania.

Visto de otra forma, el castigo por la negación del genocidio que aprobara Francia esta semana, no es nuevo ni específico de los franceses. De hecho, es un tema largamente tratado por el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos que, en muchos casos, dictaminó que la libertad de expresión no se aplica a las expresiones de violencia estatal.

Lo que sí cercena la libertad de expresión es la manipulación de informaciones y noticias sobre lo que pasa y pasó en hechos de violencia estatal, porque no permite que las personas puedan formar sus propias opiniones. Por ello, es imperativo de que los medios trabajen por el reconocimiento de todos los genocidios, sea el armenio, el asirio, o la limpieza étnica de griegos realizados por el Estado y la sociedad turca hace 90 años y que hoy repite con los kurdos en el norte de Iraq. 

(Escribí esta columna originalmente para SoyArmenio.com)

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