Síguenos en Google+ Klaus Lange: octubre 2010

La originalidad, entre la novedad y la implementación creativa

Al principio de mi carrera sufrí que algunos profesionales que asesoraba, tomaran "prestado" ideas que habían desechado en sus inicios. Algunas veces intenté reclamarles, pero al final comprendí que sentían que me habían contratado no sólo llevar adelante acciones o diseñar un plan, sino que me habían contratado hasta para lo que había pensado en voz alta.

Entonces comprendí que la originalidad pasaba, en la industria cultural, por otro lado.

¿Pero qué define que algo sea original?
He leído y escuchado a tan buenos profesionales hablando de la "chispa", de "pensamientos laterales" y "tormentas de ideas" que puedo asegurar, a todas luces, que pocos tiene ideas originales y, generalmente, no tienen idea de que la tuvieron hasta que otro lo concreta.
Pregunten a los abogados y al especialistas legales en registro de marcas y patentes: la originalidad no es pensarlo, es hacerlo posible y, de paso, registrarlo.
En el ecosistema de los productos y consumos culturales, el panorama puede confundir aún más. ¿Es dueño de la idea el publicista y es dueño del caso el periodista que lo cubre? Por ejemplo, ahora trabajo en una campaña de mensajes sobre un tema específico ¿Es mía o es del cliente? Y si decide replicarlo en otros países, ¿no tengo derecho a un reconocimiento monetario o sólo cobro por la originalidad y nada más? Menuda cuestiones.

Ahora, hay casos en que tengo una idea y encuentro que alguien algo parecido ya la describió, no que la realizó. ¿Tengo derecho a usarla y crear mi propia implementación? Algunos clientes me enseñaron que las ideas son buenas, pero mejor son sus implementaciones y que la verdadera originalidad residía en encontrar la implementación correcta de una idea, propia o ajena.
 Ya lo decía el ajedrecista Capablanca, que afirmaba que había muchas jugadas posibles pero sólo una era la adecuada.

Así que la originalidad no es sólo pensar algo único y novedoso; es encontrar la forma personal de implementar exitosamente alguna idea nueva propia o ajena.

El muerto Kirchner y sus "muertistas"

Hoy murió el ex presidente Néstor Kirchner. (25 Febrero 1950 – 27 Octubre 2010)



La muerte de cualquier persona pública siempre mueve lo peor y lo mejor de las personas.

Con el tiempo y olfato, puedo distinguir a los que ahora bautizo como "muertistas", estos son, los que se alegran con la muerte de otro.

Hay varias clases de “muertistas”:

- los “guarangos”, los que claman frases como "Por fin se murió" o "Un zurdo menos". Suelen ser de clase media, informados y de buena posición. Creen que expresar con crudeza semejantes frases los hace sinceros y en realidad lo que hace es quitarles las máscara que se pintaron por años, la de una persona que odia los que otro hagan o tengan como ideas, por incapaces de hacer algo o perseguir una idea.

- los “cínicos”, que por lo común hacen de analistas o periodistas. Para no tener que opinar frontalmente o emitir juicios que los dejen mal parados, ven esos momentos como oportunos para plantear temas aleatorios que justifican su postura. Por ejemplo, si piensa que el muerto es un manipulador y su viuda una inútil, dirán "...qué lastima su muerte, que deja al país a merced de su viuda y sus gremialistas". Todo educadamente y con un doble sentido político, claro.

- los “ninguneadores”, que son los más ilusos. Muestran y demuestran que lo que pasa no les incumbe y se enoja si ven a alguien con congoja, clamando por el raciocinio con frases como "Al final, todos nos morimos", o "No es para tanto, con tantos chicos pobres en la calle" Con su falta de emoción quiere demostrar que el occiso no merecía ni un comentario. Son esos mismos que dicen, ante un premio Nobel, “No sabía que escribía”.

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